Argumento de La Oca del Cairo
La acción sucede en el marqesado de Ripasecca, en la costa española.
Don Pippo, el viejo marqués, creyéndose viudo de Doña Pantea, quien aparentemente se ahogara en un naufragio, ha planeado casarse con Lavina, joven y bella, a quien mantiene encerrada en una torre junto a su propia hija, Celidora. Para esta última, tiene previsto el casamiento con un noble rico y fiero : el conde Lionetto.
Pero las chicas tienen ya sus propios planes: Lavina está enamorada de Calandrino, sobrino de Doña Pantea, y Celidora de Biondello, un amigo de este último, no tan rico como Lionetto, pero sin duda mucho más atractivo.
Todo sucede en el día de la boda del marqués.
Auretta, la gobernanta, flirtea con los proveedores para evitar o postergar el pago. Lo hace con cierto orgullo, frente a los reclamos de su enamorado Chichibio, el mayordomo, que se muere de celos. Finalmente Auretta logra calmarlo, y juntos hacen un empeño de amor y amistad, no sin cierto cinismo.
Luego le relata los planes de los cuatro jóvenes: se valdrán de un ardid para desalentar y las locuras de Don Pippo y hacerlo entrar en razón.
Desde la torre, Celidora deja sentir si impaciencia: Biondello: su amor tarda en aparecer y ella ya no puede esperar más.
Pero para su decepción, el que aparece es Calandrino, que quiere saber si su tío duerme aún. Aprovecha la ausencia de Chichibio para cortejar y avanzar sobre Auretta. Si bien se divierte con el juego, vigila la llegada de Chichibio, quien -por supuesto- aparece antes de lo pensado. Calandrino, enterado, simula un relato de dos amantes. Auretta finge no advertir la presencia de Chichibio, y comenta que si él estuviera escondido vigilándola, nada tendría que temer ni sospechar, dado que ella no es culpable y que todo es una broma.
Chichibio no cae en el juego; nuevamente se enoja, y declara, desencantado, que la fidelidad no existe entre las mujeres, o al menos, entre las bellas.
Don Pippo, ya despierto, cavila sobre las locuras de Biondello y en particular, sobre sus pretensiones sobre su hija. Pero se ríe de sus locuras: no son nada comparadas con las propias. Se sorprende agradablemente con la entrada de Auretta, a quien también corteja: reserva para ella alguna fantasía de amante post nupcial. Auretta divertida, le sigue el juego. Aparece Chichibio, que interrumpe el juego. El marqués disipa su fastidio con una innumerable lista de encargos para su boda: la fiesta será magnífica: ciento treinta y seis carrozas tiradas pro hipogrifos, pelucas de Strigonya, cientos de camisas y de zapatos, lacayos con penachos de Babilonia…y todo deberá ser brillante y de color morderé!! En la confusión y el delirio, Don Pippo encarga a Chichibio la cocina y a Auretta el establo. El mayordomo se imagina –risueño- preparando la gelatina y el fricassé. Los tres entran a la casa, enloquecidos.
Biondello se acerca por el jardín pensativo. Planea encontrar a Calandrino para ultimar el plan de rescate de las chicas. Se relame pensando en el engaño en el que caerá Don Pippo, pero una visión disipa rápidamente su coraje.
Las ventana de la torre se abre: son Lavina y Celidora que suspiran por sus amantes y piden certezas de amor…y de fuga.
Biondello y Calandrino les aseguran que el momento es cercano. Sin embargo, los cuatro temen – por cierto – la reacción de Don Pippo.
Auretta les advierte de la imprudencia, y los varones se van. Pero antes, Calandrino, le relata que una Oca mecánica -que además de predice el futuro pone monedas en vez de huevo- intentará disuadir al patrón. Le ofrece una bolsa repleta de monedas con lo que logrará la ayuda y la lealtad, tanto de ella como de Chichibio.
Don Pippo los llama con impaciencia. Auretta le anuncia que el Sultán del Cairo – no pudiendo asistir a su boda- le envía un presente magnífico: una oca sapiente que habla humanamente y predice el futuro mejor que un astrólogo.
Calandrino, travestido de turco, entra ceremoniosamente, acompañado de una enorme oca mecánica, dentro de la cual se encuentra Biondello.
Al convite, Don Pippo interroga sobre el futuro de su boda: la oca responde: Oscuro!!
Pero además de desalentar su boda, la oca le aconseja que case a su hija con quien ella verdaderamente ame. De esa manera todo saldrá bien.
Calandrino se retira. Deja la Oca en el jardín.
Don Pippo queda pensativo, temeroso. Lavina, que ha observado todo intenta entretenerlo, mientras Celidora trata de conseguir la llave de salida, en poder del marqués. Don Pippo, frente a los graznidos de la oca no profiere más que maldiciones. Intenta patearla, y se aleja gruñendo.
Los muchachos comienzan a armar como pueden un andamio para raptar a las chicas, cuando Auretta y Chichibio les advierten de la ausencia del marqués.
Lavina y Celidora bajan de la torre con mucha facilidad sin necesidad de puente, por dentro de la casa y salen al jardín al encuentro de sus amantes. Luego de la alegría y de la sorpresa, todos temen que Don Pippo regrese en cualquier momento, cosa que efectivamente sucede.
Lo hace escoltado por los guardias, con los que tratará de apresar a los cuatro Desoye las explicaciones de las chicas.
Cuando todo parece perdido, llega Doña Pantea: ha sobrevivido milagrosamente al naufragio. A fuerza de golpes pone las cosas en orden.